A caballo entre oriente y occidente
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NO ES más que una línea que atraviesa unos cuantos adoquines, pero el meridiano del Real Observatorio de Londres es uno de los indicadores más célebres e importantes del planeta. Como centro del sistema horario universal, todos los rincones de la Tierra se miden en función de la distancia a la que se encuentran al este o al oeste del mismo.
El observatorio, donde se fija la hora del meridiano Greenwich, celebra ahora su 125 aniversario, que coincide con el Año Internacional de la Astronomía. Los turistas procedentes de todo el mundo, que superan los dos millones anuales, se suelen fotografiar sobre esta línea, con una pierna en el este y la otra en el oeste, para llevarse la instantánea como recuerdo de uno de los momentos álgidos de su viaje al Reino Unido.
El observatorio de Greenwich, uno de los enclaves científicos más importantes de la historia, recibe a un público igualmente universal. Además de los cientos de miles de jóvenes chinos, japoneses, indios, norte y sudamericanos y europeos que esperan su turno para fotografiarse sobre el meridiano, el observatorio ha ejercido su magnetismo sobre muchos famosos.
Personalidades como Vladimir Putin, presidente de Rusia, y Jimmy Carter, de los EE UU, han sido retratadas en este mismo lugar, así como decenas de estrellas del mundo del espectáculo, como Tom Hanks. Muchos grandes dignatarios extranjeros, entre los que no han faltado las delegaciones chinas, pese a que normalmente se caracterizan por su discreción, han querido llevarse de recuerdo una foto con un pie en oriente y otro en occidente.
Como centro del sistema horario internacional, esta línea, que recorre el globo terráqueo de norte a sur, inaugura cada nuevo día, cada nuevo año y cada nuevo milenio. Se trata de la longitud 0º, que divide los hemisferios oriental y occidental del planeta del mismo modo que el ecuador separa los hemisferios norte y sur.
Este punto se define por la posición del gran telescopio de círculo de tránsitos que alberga el Edificio Meridiano, construido por George Biddell Airy, séptimo astrónomo real, en 1850. Con una simpleza sorprendente, los hilos cruzados de la retícula del telescopio de círculo de tránsitos marcan la longitud 0º.
El meridiano de Greenwich se eligió como principal meridiano universal en 1884 durante un congreso internacional celebrado en la capital estadounidense, al que asistieron 41 delegados de 25 países y en el que la candidatura inglesa obtuvo una mayoría arrolladora de votos. Francia, que había propuesto la fijación del meridiano en París, se abstuvo en la votación.
Posiblemente, la victoria se vio muy favorecida por el hecho de que, en aquella época, el 72% del comercio mundial dependía de cartas de navegación que empleaban como meridiano principal el de Greenwich, así como en su previa adopción por parte de EE UU como punto de referencia para su propio sistema nacional de franjas horarias.
Desde finales del siglo XIX, el meridiano de Greenwich se ha empleado como coordenada de referencia para el cálculo de la hora del meridiano cero. Antes de que esto sucediera, prácticamente todas las ciudades del mundo se regían por su propia hora local, y no existían normas nacionales ni internacionales para calcular la hora, ni cuándo comenzaba o acababa un día, ni cuánto duraba exactamente una hora. La adopción de una norma horaria internacional se hizo finalmente imperiosa.
El observatorio de Greenwich, ahora vinculado al Museo Marítimo Nacional (National Maritime Museum) de Greenwich, cuenta con una larga historia en la ciencia astronómica y, a lo largo de la última década, ha vivido una transformación radical, dejando atrás su fama de institución quizá demasiado formal para convertirse en un lugar alegre y fascinante que abre sus puertas al público.
Situado en un parque de propiedad real que goza de una vista maravillosa de Londres, el observatorio se divide en dos complejos contiguos, el último de los cuales se inauguró en 2007, aunque tanto el antiguo como el nuevo ofrecen una combinación perfecta y agradable de edificios cuya historia se extiende a lo largo de los siglos, desde Flamsteed House, la casa del siglo XVII diseñada por Wren en ladrillo rojo y antigua residencia de los astrónomos reales, hasta la moderna construcción de formas curvas en bronce que corona el planetario.
En 1997, el observatorio fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, y sus exposiciones actuales sobre la medición del tiempo, la astronomía y la ciencia son las propias de un museo moderno: como un planetario de tecnología vanguardista, varios telescopios -entre los que se encuentra el de círculo de tránsitos-, una colección histórica de relojes -que comprende el famoso reloj de Harrison-, la única cámara oscura abierta al público y muchas más atracciones. Entre las piezas expuestas destaca un trozo de meteorito cuya antigüedad se cree que se remonta a miles de millones de años.
Actualmente, el énfasis se ha puesto en la conexión con un público más amplio, y para desarrollar este aspecto, el observatorio nombró en 2008 al primer astrónomo público. El doctor Marek Kukula, toda una autoridad en galaxias lejanas, cuásares y agujeros negros descomunales, ha trabajado durante nueve años en la NASA con el telescopio Hubble, y a lo largo de su carrera docente ha sido investigador y luego profesor titular de la Universidad de Edimburgo.
Su pasión por esta ciencia y su entusiasmo por su difusión favorecen el proyecto de transformación de Greenwich. A lo largo del año, el observatorio organizó una serie de programas y exposiciones y, con ocasión del aniversario del meridiano, preparó una semana de charlas y demás actos.
Sin lugar a dudas, la oleada de personas que visitan el observatorio seguirán apreciando todas las riquezas históricas y científicas que guarda este lugar, pero el observatorio reconoce que, especialmente para el público más joven, su mayor atractivo es el meridiano, y lo que estos visitantes quieren hacer ante todo es verlo y cruzarlo.






























